Conjuntivitis alérgica

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qAl igual que la piel o la mucosa nasal, la conjuntiva, una fina membrana que recubre el ojo, está en contacto permanente con los alérgenos presentes en la atmósfera (ácaros, pelos de animales, plumas, polen…), en los párpados (cosméticos) o en los ojos (colirios). En las personas propensas a la alergia puede acarrear una reacción  inflamatoria de la conjuntiva, similar a la reacción responsable de las rinitis alérgicas. Si lagrimeas cuando estás cerca de un gato o si algunas sombras te hacen arder los ojos sufres de conjuntivitis alérgica. El mejor tratamiento es mantenerte alejada del alérgeno… siempre que sea posible.

Cuando el alérgeno se extiende por el aire, la rinitis y la conjuntivitis alérgica suelen estar asociadas, provocando moqueo, estornudos y lagrimeo. La conjuntivitis también puede aparecer de manera aislada, sobre todo cuando está ligada a un producto que entra en contacto directo con el ojo. En este caso, los síntomas se limitan a los ojos, que se ponen rojos, pican, escuecen y lloran; asimismo, la luz es difícil de soportar (fotofobia). Los párpados suelen estar rojos e hinchados y, a veces, pegados al despertarse por la mañana. Sin embargo, la intensidad de estos síntomas puede variar mucho de una persona a otra.

Estos síntomas están relacionados a una reacción de los anticuerpos contra el antígeno (alérgeno) contra el que la persona ha desarrollado sensibilidad. En caso de alergia al polen de las gramíneas, hierbas u otros árboles, los episodios dependen de la estación y se repiten todos los años en primavera, al final del verano y al principio del otoño. La conjuntivitis está asociada generalmente en este caso a una rinitis: se trata de la clásica “fiebre del heno”.

Escrito por: Josamny Moya

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